Playball

Esa Noche Buena llegó el hombre del taxi pasadas las doce, no había frío y yo llevaba el abrigo azul de siempre, ya viejo y deslúcido, tenía él unos dientes desuniformes, como un piano maltrecho, era raro, le andaba de miar y pidió un lugar para salir del problema, le dije, sin problema, que estaba la casa de mis padres en la que suelo pasar el Festivo, volvió, sin prisa y orinó en la calle, como solución entre primera y segunda con dos outs, en seguida se metió al Vento y me reporteó, digamos que me cuestionó los generales, sí me gustaba el beisbol, le dije emocionado  soy Yanqui y Diablo, el hombre se emocionó, era Noche Buena pero para ambos era octubre, platicamos de Ruth, de Mantle, de Berra, de Barrera, de Valenzuela, del Yanquis, del Diablos-Tigres, del parque del Seguro, de la velocidad del tercera y de la prontitud del short, todo fue tan rápido que cuando llegué al Sur la pelota no llegaba aún al home, al suit jom suit jom

y así

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