Adolescente

cambio de piel, lejos ya Dylan, los sacramentos y Toy Story (tory, tory, decía), lejos, ya imposibles en el otro lado del río porque la turbulencia le permite escupir lo que él quiere y hiere, lejos, improbables porque lo suyo es el conflicto con el entorno y el contorno sin saber que el rededor le licencia tales arranques burgueses de odio y resentimiento sin sustento ni sutancia, lejos, muy lejos porque a la vida no se vuelve como en un playlist de las viejas canciones de Plaza Sésamo y los Súpercampeones, lejos, ya inevitable, la vuelta al eterno sueño del cepillo de dientes como rastrillo frente a un espejo compartido y las pijmas iguales como gemelos, a su vez, lejanos de tiempo pero tan cerca como el al lado A del mismo disco, hey, pa… y el futbolario de los héores, Ronaldinho y el primer Messi, el desgarrador transcurso de la vida; cambio de piel, dolorosa mudanza en la que todo está en contra, hasta la luna y los goles y los sueños que ahora parecen pesadillas, declaración de guerra por las moscas, los popotes y los colores que dibujan los peces que ya no imaginamos, ya pá y tú no se conocen, como si nunca, nunca, se hubieran visto, ¿te acuerdas de Nemo? No, ya no, es parte del pasado que vos querés olvidar porque ya vas en tu sendero empedrado en el que vos (tú que hinchabas por River, tampoco lo recuerdas porque ahora sólo sabes lo que tú, dolorosamente, olvidas) derrumbas lo que no debe seguir en pie, sobre todo el río, curioso el río, no tener es adolecer, pero también, querido y remoto muchacho, es destener, quitar, desechar, autodesvertirse, pero la camisa, lo sabes porque te gusta la pelota, no se quita, se lleva tatuada como aquellos viejos cuentos de los viejos que nos daban pertenencia a la calle, al club y a la vida, juegas al odio, como si el odio fuera sencillo y cómodo, una licencia, un permiso que tú, y sólo tú, puede usar a su antojo, la ofensa como emblema, pero sabes que en el fondo te duele, te lastima lastimar, eres una daga de vida que se creece en la herida, en la sangre, en el duelo tú-a-tú, adolescente, querido y remoto, llegaría el día en el que tu mar, óceano de la libertad, se calme y las olas regresen al orden de la espuma, dale gracias a Dios que cuando vuelvas de tu tormenta nada se haya derrumbado en el farol de tus violentos pasajes de Poseidón, por último cambiar la piel no significa cambiar el amor por resentimiento; las entrañas llevan un mensaje, ojalá que en tu bronca lo encuentres, y regreses a Dylan y Toy Story, tory tory…Y Nemo y a ti, sobre todo a ti, turbulento río de vida…

Y así

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