El PRI, sus mexicanos

No lo conocen afuera, pero esta honorable institución política, emanada de la Revolución, es decir de la Fiesta de las Balas, el Contrato Colectivo y el Magnicidio, esta benemérita agrupación de logias filantrópicas (¿Usted es de San Luís Potosí? No. San Luís Potosí es mío, ¿así o más claro?) tiene una idea de los mexicanos de lo más curiosa y científica. Los cree con derecho al voto, a la libertad y a la unidad, vamos pues la Nación. Los imagina alimentados, estudiados y administrando su enorme abundancia (esa ganancia inagotable de petróleo por habitante y año que deja el venero del Diablo). Los siente. Asegura que todos, todos, tienen eso que los clásicos llaman espíritu de partido (la solución somos todos, solidaridad y lo prometo y lo cumplo, fuera más) y bienestar. Y les avienta discursos largos porque todos los leen palabra por palabra letra por letra, la tierra es libertad de lenguaje. Y tanto los ama que deshoja una Frida, un Cielito Lindo y una Guelaguetza cada que lo necesitan. Tan bueno es que no les pide opinión porque les da y ofrece (mejor) lo que ellos necesitan, el PRI tiene esa gran cualidad premonitoria, siempre sabe lo que los mexicanos sueñan (el sueño es un relato, desde luego), tan a modo los sabe, sus gustos, sus manía y desmanía, que el PRI, dicho por su presidente (o sea el presidente de su presidente) jura que la corrupción es un mal endémico de Mesoamérica y los mexicanos, herederos del Templo Mayor, de Teotihuacán y la Santa Fé (poniente de la city), deben sufrir sus consecuencias, todas, todas, el PRI sólo es la nave que va con remos que van como los remos del correo Chuán sobre las aguas del populismo…

Pero el PRI es noble. Conoce la transa sólo (y solamente) para contribuir a la democracia que a los mexicanos les negó Porfirio Díaz (tan traidor, tan francés y vaya que odiaba a los gringos). El no. El PRI no. Es capaz, miserables mexicanos, de traicionar a sus bases con tal de que el juego político se mueva en el arte de lo posible. Eso, en corto, lastima a su presidente, bueno al presidente de los mexicanos, que no aquilatan que es feo volver al pasado para domesticar al presente.

Un defecto, eso sí, tiene el PRI: ni los mexicanos, ni los griegos, ni Mesopotamia, es más: ni los neandertales conocieron a los dinosaurios, que, dicho de paso, tenían un cerebro pequeño ante tanto cuerpo (voto) duro… Y que en el Golfo de México, por un meteorito (Ayotzinapa, hay que reconocerlo queda muy lejos), desaparecieron.

PD: Veracruz está a vuelo de pájaro de 400 voces de Quinta Roo, el lugar en donde la glaciación y la Glasnot..

Y así…

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