Labios

pidió el Uber que lo llevaría a la comisura de sus labios, bajó en la esquina derecha en donde, dijo, nacían las musas y las polifonías, era noche, ella era una palabra sobre la almohada, tocó el timbre y nadie salió, decidió caminar un rato, exploró el cuello, el hombro y decidió fumar sobre la clavícula andina y despoblada, miró la pendiente de los senos y suspiro, larga agotadora la andanza, ella fue Gulliver y el respiro un ciclón, cuando el movimiento, el cabellero inglés hizo del paraguas un paracaidas y tan campante siguió la desvelada ruta, subió, subió, subió, en el everest tomó un helado de frambuesa, dio vueltas, eterno retorno, al piso rosa informe y levantó la bandera de los caídos en el campo de plumas, era muy noche, bajó al valle a las 3:15 aproximadas,llovía en el mundo, dio vultas a la pista de la vida, dos, tres y cuatro veces, cuando entró en el bosque ya eran las 4:01 y la temperatura tal vez 48 grados a la sombra, selva negra bávara, se dijo sin decirlo ni notarlo entre la espesa negrura del triángulo, entró en la bóveda, aseguran los fiscales, a las 4:16 y segundos, sin corbata ni saco, ni chaleco, el hombre ingresó a la cueva, esa hoguera, bañado de agua caliente como sauna -dijo un inspector-, ella era un diluvio-ello-superyo-, Noé sin barca ante el huracán, aquello fue un glaciar bíblico, se sabe que fue noviembre, 3 o 4, entre las 5:30 y las 6:00, él tenía, quizá, 40, ella recuerda -asegura el inspector- que a esa hora algo parecido al placer le despertó y llegó tarde a la cita porque aquella mañana…
y así

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