El alma a medias suelas

La amistad es un diáologo que interrumpe el voluble azar en forma de pendientes de redacción, los viajes y las aventuras tipo Circe, los Cíclopes y Las Sirenas, a las que escuché en el fondo del Oceáno y la superficie de las sábanas, crecimos juntos, cuando la mar era un largo futuro, nunca nos prometimos nada, menos la amistad, pero ésta se ha ido cumpliendo con entera sinceridad, en los años en los que habíamos dejado de verlo no hubo un tercer día en el que no lo pensara, lo evocara con la riqueza de los grandes hechos de la existencia, esos que no exigen perdones y remedos, volví a verlo al Gordo y sin necesidad del rocío primaveral florecieron aquellas tertulias, la camaradería de cuando no teníamos suelas en el alma y los guiños cómplices de los tahures del pocker de la juventud, fue un acontecimiento, lo bello del diálogo de la amistad es que siempre es el primer día, despachamos los pendientes burocráticos del cómo, dónde, desde cuñando, las dolencias y las ausencias, luego en una concurrida escena, jugamos al teatro del nosotros, recordamos, prefiguamos y pueteamos a los demás, a la economía, a la política y el sarcasmo y la ironía nos fue pintando como en aquellos días de guantes y manoplas, nos despedimos sin la promesa de volver a vernos porque solamente promete el que no cumple, nosotros, en cmabio cumplimosel gran privilegio de vivir hacernos y sernos amigos para siempre, acaso adverbio posible para nuestra bella y deliciosa forma de ejercer el oficio de estar
y así

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