El humor se burla

La última vez que me reí fue esta mañana, cuando me vi ante el espejo. Era yo, el humor, esa  virtud que usa barbas y loción de afeitar.

No los aburriré diciendo de dónde vengo, y mis generales. Los trámites no se me dieron. Lamento por aquellos que siguen la burocracia, sus solemnidades y otras torpezas de firmas y copias (con duplicado). El espejo contó un chiste buenísimo que tenía mis cejas y orejas, sobre todo mis orejas. Yo es otro, dijo el otro.

El humor es un tiro de dardos, aparece en el momento oportuno. No es casual, pues, que sea un afrodisíaco, el mejor. Más que la carita, el dinero, la inteligencia y el tamaño, ja. Aunque a decir verdad…

En las mujeres, el humor es el maquillaje perfecto, esmalte atractivo, crema atinada y tinte encantador. Les ayuda a evitar el botox, las pócimas y el lifting. Una cosa importante: no angosta caderas, ni rebaja tallas ni, mucho menos, levanta templos, superiores o inferiores. Tampoco moldea cuerpos, la piel naranja puede ser tan contenta como los duraznos y las fresas, sobre todo en las fresas.

En los hombres, el humor es…  tan complicado, que  ni el Viagra, ja.

Lo que pasa con los mexicanos es que se toman la vida muy en serio; hacen de la vida un martirio, cuando el realidad es un broma de  buen gusto. Estaría bien que hicieran el humor (el amor, sonríe de lo lindo) todos los días después de cada comida y en ayunas. La disfunción eréctil y el tamaño (otra vez, ja) dependen del sarcasmo. Ja, de puro Ja. También la suegra, la vecina o las horas extras, que casi siempre tienen caras de dolor de cabeza; mejor mañana, anda.

El humor es, siempre, un estado del tiempo, una ocurrencia, un tic. Un gesto en las rocas. Al velorio hay que llegar con saludos; a los ahorcados hay que abrocharle los zapatos para que no se tropiecen cuando bajen y a los feos hay que darles espejos para demostrales que llevan razón. A los pobres hay que ofrecerles mapas de viaje para que se sientan bienaventurados de las tentaciones; a los ricos, ojales para que domestiquen a sus camellos que, como ellos, no entrarán en el reino de los cielos y a los que todo tienen, un mapa para cuidar todo lo que no deben perderse porque entonces no serían nada,

y así

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