Instrucciones para nadar

para nadar se necesita tener cierta actitud de foca dice uno en la tina del baño en la que ha puesto burbujitas, sales aromáticas y un patito feo que no creció y nunca fue cisne

uno se sumerge con los cachetes hechos costales enormes de aire, cierra los ojos debajo del agua y luego, apenas, mira como suben globos transparentes a la próxima superficie de la mínima marea, nadie lo ha dicho con suficiente claridad, medita uno muy socrático, pero las focas son de lo más divertido y, no sólo eso, se aplauden su extraordinario buen humor, que suele causar envidias en especies menores como las morenas y los erizos, seres por lo demás siniestros,

las focas no conocen el valium, en los acuarios se la pasan nada que nada, nada que nada, con una sonrisa de pared a pared, su color negro las hace parecer zopilotes marinos, sus ojos tristes se parecen a los del bóxer y su trompa tiene como única utilidad la pelota de playa, pero ellas, seres superiores, se lo toman todo liviano, como poemas en movimiento, hay algo de arrogante, es cierto, en su postura libre y al viento (acuático, claro), pobres morenas y erizos que no soportan la belleza ajena,

no se enteran las focas de lo que se dice de ellas en el vecindario, las orcas les tienen miedo por eso las devoran cuando tienen la sanguinaria oportunidad, pero de eso se trata la vida, los oscuros devoran la luz inabarcable y producen más brillo al sol, la luz de las focas va tan campante que no repara en los complejos de los minúsculos, una especie de crustáceos de mala entraña,

después de cierto rato, uno sale a la superficie casi ahogado, tanta filosofía bajo el agua sofoca como no se imaginan, el patito feo ya no lo parece tanto, pero los cisnes, otro buzo con actitud de elefante marino,

el desparpajo foca es único, las morsas, por ejemplo, se toman todo al pie de la letra, por eso las arrugas, Lennon lo supo, tienen mal genio y se ponen a la defensiva a las primeras de cambio, asegura el doctor Dieter Hossmentaler, catedrático de la Universidad de Leipzig, que su molestia ante la vida se debe a los colmillos, harto incómodos para comer sushi, otro investigador ha refutado la hipótesis, sostiene que todo se debe a su impotencia para tomar sake enlatado,

la virtud de las focas es que todo se les resbala, su pelo es suave como las nalguitas de los bebés,  no conocen la envidia, las posesiones, los celos y el desamor, por la sencilla razón de que son jipis, amor libre libre de amor, quieren mucho, mucho, mucho, cuando alguna siente que se está enamorando se pone a jugar a la pelota, la avienta una y otra vez hasta que se pasa el mal rato y vuelve a nadar, nada para allá y regresa con un peso menos de encima, y quiere como nadie, lo postuló el terapeuta austriaco Hans F.S. Maier,

al salir de la tina uno se siente foca, se aplaude ante el espejo y descubre, asombrado, que ya le han crecido los bigotes,

y así

 

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