Peligroso México

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México es un país que nació de la protesta. La libertad es un bien social perseguido desde aquel 1813, tres años después del levantamiento armado, cuando Jose María Morelos presentó ante el congreso de Chilpancingo sus Sentimientos de la Nación; apenas la quinta palabra del histórico documento es justamente “libre”.

No debe olvidarse la importancia que tuvo para la historia moderna del mundo la abolición de la esclavitud decretada por Miguel Hidalgo y Costilla en Guadalajara en diciembre 1811. El atentado contra la libertad de los esclavos fue sancionada con pena de muerte.

Desde la Noche de Dolores, pasando por un siglo convulso, miles de mexicanos, ilustres y olvidados, han luchado permanentemente por la libertad de todos: ese acto que no se concede; que se conquista. Insurgentes, liberales y revolucionarios pagaron con su vida por convertir, en efecto, a México en un país de libres, no de reclusos; la libertad como garantía indisoluble del ser humano. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 es, en sentido estricto y en espíritu, un contrato social en favor de hombres libres. El juicio de amparo no es otra cosa que la defensa del ciudadano contra abusos del Estado en su presunción de inocencia. 

A lo largo de su historia, los mexicanos han logrado el establecimiento de vías institucionales para manifestar no solamente su libertad; también exigir la rendición de cuentas del Estado en el uso del gasto público y en otras de sus muchas atribuciones. Las luchas de los ferrocarrileros, de los médicos y las manifestaciones estudiantiles del 68, son claras expresión de la lucha del ciudadano mexicano por cimentar un piso de expresión política genuina por un país más justo, más equitativo y más democrático. No hay liberalismo, sin libertad; no hay libertad sin el respeto a la propiedad privada y nada hay más privado que las ideas del ciudadano.

La protesta, en las sociedades democráticas contemporáneas, es un acto de libertad del ciudadano contra los abusos del Estado. La paulatina conformación del sujeto ante la administración ejecutiva del gobierno ha dado a la protesta ciudadana un carácter fundamental en el contra peso de la autoridad, cuando ésta abusa de su condición determinante en el rumbo de las decisiones razonables y racionales del rumbo de la cosa pública. La polis, la ciudad, es justamente la cosa de todos. Es en ella en donde debe ejercerse la protesta como expresión de libertad. 

Desde siempre, la prensa ha sido el lugar de la libertad, el lugar de la expresión sin cortapisas, sin represión. La prensa juega en las sociedades de apego jurídico y división de poderes un papel político fundamental: marca los límites (denuncia, revela y critica) del gobierno, emanado del sufragio libre y universal. 

Sucede hoy que la prensa mexicana, casi toda, juega el papel de represión contra la legitima manifestación de un grupo de maestros, cuyas razones de protesta pueden ser acertadas o equivocadas. Espanta el descrédito, el ofensivo lenguaje y la agresión verbal de la prensa contra un grupo social que siente ofendidas su condiciones de vida.

La simpleza, la cortedad y la ignorancia supina de muchos conductores deja ver un país peligroso: un país en el que no cabe la queja: que no atiende las expresiones de otro país: muerto de hambre, superviviente con las condiciones más miserables y ajeno a la riqueza nacional. La rabia de muchos lectores de noticias deja ver una actitud burguesa y pueril del entendimiento de la realidad nacional. Mientras México siga siendo un país desigual, iniquitativo e infeliz (la felicidad del ciudadano es el objetivo final del Estado moderno), la protesta seguirá siendo una herramienta legitima y legal de ciudadanos que no encuentran otra manera de ser escuchados. 

Peligroso país el que reprime; desafortunada manera de ver la convivencia entre distintos. Peligroso país, también, el que identifica al enemigo en un el sujeto y no en la terrible realidad de ese sujeto. El Estado Mexicano no ha cumplido, categóricamente, con su misión de brindar a todos los ciudadanos las mismas condiciones de vida; la protesta social confirma la precariedad de las acciones de gobierno en el tema educativo, cuya centro debiera ser el único motivo de discusión. Otra vez la forma espanta al fondo. Y el fondo puede ser más doloroso y humillante que un cierra de avenidas en el confort de esos comunicadores cuyos enormes ingresos les impiden ver al México más desprotegido y olvidado. 

Y así.

 

 

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2 thoughts on “Peligroso México

  1. David Lira says:

    Estoy de acuerdo en la pobreza e ignorancia de la prensa, no solo en este tema sino en casi todos. Incapaz de analizar cualquier cosa, hasta las mas simple. Prensa de secretarias (sin agravio de estas ultimas), solo conocen las transcripciones y las copias al carbon. Triste.

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