Un clavel es un gol

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Al hombre que me contó la historia, quizá mi padre, aunque pudo ser un hombre que admiraba tanto, le recuerdo por sus ojos, casi miel, aunque marrones, con una expresión genuina, fiel, llena de esa rara visita que llaman felicidad. Habrá sido en una noche de verano porque habrá sucedido, la memoria es una dama que seduce y engaña, como todas, cerca del alba en aquel poblado de huertas y peras que llamaban Aculco, en el Sur.

Las estrellas, tantas, hacían creer que el cielo de verdad es blanco, y que esos puntos que pululan en lo oscuro son hoyos entre un manto negro que lo cubre. Eran, quizá las cuatro y treinta y cinco, aunque también las cinco menos cuarto. El tiempo es una convención.

Aquella conversación es ahora mismo, mañana y pasado, los hombres son habitantes del recuerdo, la historia, si importa, sucederá en ustedes y quienes tengan la amabilidad de compartirla en el twitter y en el Facebook, esos falsos jugadores de cartas del azar.

“El futbol es la ópera del pueblo”, dijo sin recordar al autor de tan sobresaliente metáfora. “Quizá, inglés, menor de un equipo menor, casi de segunda, seguro”, se defendió. Cuando abrió esos ojos de barniz, no nos quedó más remedio que el oído, esa grabadora del futuro.

Su padre (acaso el padre de mi padre, aunque…) había sido hospitalizado a la edad de 45 años por un problema en el corazón. “Tenía 45 años, apenas 45 años”, dijo con una nostalgia casi niebla. Se detuvo un rato en la autopista de la zozobra. Como él, todos, en la mesa improvisada que bañaba una luna sonriente, recordamos nuestros años, nuestros calendarios por este pesar.

Ahora que estoy a punto de esa infamia, los 45, me vienen los sueños de los días. Pienso en Albert Camus, ese poeta del suicidio. Fue a la tumba de su padre y descubrió que había vivido más que su padre. Perturbadora observación. Yo, dije, conmovido, acaso seré tan longevo como mi abuelo, en caso de que mi padre…

Me horrorizó la idea, el insomnio bañó mi frente. Allí nació este relato, que acaso es un sueño, una falsedad, pero nada hay más insincero que uno y lo que a uno le sucede.

Siguió, con esa voz dulce y necia que subrayaba el güiski, ya sin hielos. “Un día después se inauguraba el Mundial de México 70”. Contó que fueron al sanatorio, esa antesala de la noche. Platicaron, él y su hermano (acaso…) y el hombre que vino del gol prefiguró una victoria mexicana ante los soviéticos, por los que sentía más inquietudes que certezas. “Tres, cero”, dijo aquel hombre que nunca vi. “Sí, papá, tres cero”, dijeron los hijos enamorados siempre de la opulencia moral del hombre en el umbral. Se despidieron a la víspera.

Aquel día, los hijos se fueron a la arena del encanto. Sin saber…

El hombre que vino del gol, padre lleno de ternura, como ímpetu del Señor, encontró la manera del escape de la sucursal de la pesadilla. Se vistió esos pantalones grises, holgados, y esa camisa blanca de puños deshilados. Y un sombrero que ha olvidado el tiempo. Era un fugitivo del sueño y la vigilia. Burló la salida, tomó un autobús y llegó a casa, sigilosamente, dejando huellas sobre la mar. Saludó a la señora, a las hijas, al viejo televisor, comprado con los retazos del salario y los pesares de la escasa nómina. El partido de la historia comenzaba. Apenas, hoy, preguntó: “Y mis hijos, Juanita, ¿en dónde están? Llámalos que comenzará el partido de México, se inaugura del Mundial ¿En dónde están?”. Ella no dijo, decir es producir dolor, que no estaban. Él entendió. Los niños, siempre los llamó así (ya hombres con besos y anhelos), amoroso ruiseñor, los niños se habían ido a la Ópera del Pueblo, ese ruido de la pasión. Y nada sabían, porque, en verdad, uno nunca sabe.

“No, no les digas que vine, yo hubiera hecho lo mismo, Amor Mío, el cero a cero es un dolor mutuo”.

El hombre, acaso mi padre, acaso alguien a quien amo tanto, dejó caer una lágrima, con los ojos abiertos que no miraban a ninguna parte, acaso a todas, al tiempo, agua del río de la consternación: “Dijo, no digas que…”

Era 2 de junio de 1970.

El hombre que vino del gol murió el 2 de junio de 1970, en un sanatorio que hoy, desde afuera, lo olvidó, desde tantos fantasmas. El 5 de junio hubiera cumplido 46 años. Pero…

El hombre que contó la historia en aquel alba de hace tanto, lloró como niño, como se llora a un padre amoroso y maravilloso, que se lleva adentro, completo, en el vaso de las ilusiones, cuando uno quiere ser cómo ese que…

Aquel hombre que vino del gol no vio ninguno, ni en contra ni a favor.

Un clavel es…

Un gol….

Y así

 

NdelT: Sttafor Hegingutham es el autor de la frase: “El futbol es la ópera del pueblo”.

 

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